La vida apesta. Todo cuesta un huevo, todo sale peor de lo que pensamos, más caro de lo que imaginamos, es más pequeño de lo que lo deseamos. Apesta. No es culpa de que salgas poco. Ni mucho. Ni de tu frustrante trabajo. Ni de tus adicciones, sean las que sean. Es el equilibrio del mundo: todo tiende a empeorar. Y sobre todo apesta este blog. Blog de mal gusto y mala sintaxis. La democracia de Internet… realmente apesta.
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viernes, 8 de julio de 2011

COLGUÉ

“Colgué”. Lo escucho 70 veces por día.

“Colgué” lo explica todo: No entregás el laburo? Colgué. Te olvidaste de llamarla? Colgué. Se te pasó el cumpleaños? Colgué. Abriste la hornalla, no encendiste el fósforo y explotó tu casa? No me digas nada: colgaste.

A los estudiantes que hoy “cuelgan”, los estudiantes de ayer les decimos: en nuestra época inundábamos la casa, nos poníamos papel secante en los pies, matábamos abuelos (siempre llevando la cuenta de cuántos abuelos habían muerto), en definitiva: usábamos la creatividad aplicada a las excusas. En nuestra época excusarse era un arte que practicábamos frente al espejo.

“Colgué”, me dice gente que tiene celular, computadora, i-touch, que hasta podría programar al GPS para que le diga “gire a la izquierda y entregue el purísimo trabajo” con voz de española alzada, si tuvieran dos dedos de dignidad.
Colgás? Anotá, hijo de puta. Tatuate como Memento. Grafiteá la casa como Charly García, me chupa un huevo cómo pero no cuelgues. No sos una Comodore 64. Los humanos no cuelgan. No deberían.

Odio la excusa, pero lo peor de todo es que odio el término en sí mismo porque no lo entiendo.
Acá estoy, entonces, intentando subirme a la moda.

“Colgué, o el término que todo lo explica en la posmodernidad”


miércoles, 14 de abril de 2010

EVIDENTE


Estoy sola. Mi separación todavía reciente me mantiene en un estado de mal humor que sé que es previo a la depresión pero, tiempo al tiempo.
Una pareja de amigos –conocidos, diría una amiga amiga- me invitan a su casa a cenar. No como desde hace 2 días y el vacío en mi heladera y en mi estómago no me deja pensar con claridad, por lo que acepto.
Llego y hay un desconocido. Cita a ciegas sin mi consentimiento. Crece el mal humor y se traduce en cena muda e incómoda.
-Y si jugamos al Pictionary?
Todo siempre tiende a empeorar. Es la regla de la apestosa vida que nos tocó vivir.
-Empiecen ustedes.
Nos dicen al desconocido y a mí. Él tira el dado y saca una carta. Lee y agarra birome. Círculo. Círculo. El pibe hace un redondel y lo vuelve a hacer y lo repasa marcando los 20 papeles que hay abajo. Círculo. Círculo. Yo tengo miedo de que de la fricción salgan chispas y reinvente el fuego. Después pienso que pienso eso para no pensar que este pelotudo sigue haciendo el mismo circulito y que no se le cae una idea.
Sin embargo, arranco decidida a ganar:
-Círculo. Redondel. Redondo. Mundo. Circunferencia, anillo, aro. CÍRCULO. Circular, rueda, ronda, redondoredondobarrilsinfondo. REDONDEL.
(Uno siempre repite fuerte lo que dijo bajito, como el que dibuja que repasa fuerte lo que hizo suavecito)
Él me pone cara de “sos tarada? Es evidente…” Y los demás, que ya leyeron la carta, hacen que sí con la cabeza como si lo fuera.
-Redondo, circular, planeta, luna, plato. Disco, CD, bola, BOLIVIANO, COYA, ALTIPLANO!
Silencio. La birome se cae sobre la mesa.
Todos me miran.
-Cómo vas a decir Boliviano mirando un dibujo de un círculo negro?
-No sé… digo cosas sin pensar…
-Qué te pasa? Cómo altiplano?
-Qué sé yo… asociación libre… LIBRE! La asociación es libre, yo no la toco… como el sol cuando amanece… LIBRE.
-Qué sos, Nazi?
- Pero cómo voy a ser nazi si soy latina y bisexual? Qué les pasa?
-Qué te pasa a vos? Se te acabó el tiempo...
-Y qué era? Evidentemente “andino” no era.
-Evidentemente: pista de atletismo. ¿No viste que cada vez corrían más fuerte? Hasta los hice saltar!
Evidentemente sigo sola.

Aquí lo que veían mis ojos y lo que seguramente pensaba el desconocido mientras dibujaba lo evidente: